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3° CATEQUESIS ASAMBLEA DE PASTORAL ARQUIDIOCESANA

ASAMBLEA ARQUIDIOCESANA DE PASTORAL 2020

“Con María, servidores de la Esperanza”

ITINERARIO CATEQUÍSTICO

ENCUENTRO 3LA IDENTIDAD DE LA IGLESIA. LA IGLESIA PUEBLO DE DIOS. LA IGLESIA CUERPO DE CRISTO.

A -NOS PONEMOS EN LA PRESENCIA DE DIOS:

Oración por la Asamblea Arquidiocesana de Pastoral 2020

Jesucristo, Evangelio viviente, ayúdanos en este tiempo de dificultades, en medio de la situación de la pandemia y de diversas situaciones familiares, laborales, económicas, afectivas y espirituales a continuar el proceso de discernimiento, purificación y reforma  para descubrir la voluntad de Dios para nuestra Iglesia que peregrina en Tucumán.

Señor de la Vida, danos el don del discernimiento, que podamos reconocer la realidad con los ojos y el corazón de Dios.

Ilumínanos Señor, para interpretar la voluntad de Dios con un oído en el Evangelio y otro en el pueblo.

Danos la santa audacia de decidir los caminos para que llegue a todos la Alegría del Evangelio.

Jesús fortalécenos para renovar nuestra pastoral y adecuar la misión de la Iglesia en el mundo de hoy.

Acompaña al santo Pueblo de Dios para caminar juntos hacia el Ideal de una Iglesia, fraterna, servidora, misericordiosa y en salida misionera.

Ayúdanos a ser dóciles para que, en la Asamblea de Pastoral 2020, todos crezcamos en comunión fraterna y lleguemos a ser servidores de esperanza en tu Reino.

Que nuestra Madre de la Merced, nos acompañe en este camino para responder dócilmente al designio del Padre.

A ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

B – EXPERIENCIA VITAL

Les proponemos iniciar esta catequesis con este relato de una situación real, ocurrida en un lugar determinado de nuestro mundo, leemos y conversamos sobre lo ocurrido a la salida de la Misa.

Cada uno de nosotros tiene un nombre. Para el mundo que nos rodea, nuestro nombre nos identifica, dice quiénes somos. En nuestra identidad, hay mucho mas de nosotros que solo nuestro propio nombre personal.

Hace algún tiempo, saludando a miembros de la parroquia después de la misa, se acercó una familia y su miembro más joven me preguntó: “¿Por qué nos llama hermanos y hermanas? Usted no es mi hermano”. Le contesté: “Hay un sentido en el cual todos somos hermanos y hermanas, porque todos somos miembros de la familia de Dios”. Me miró y luego miró a su madre. Cuando ella asintió con la cabeza afirmativamente, se volvió nuevamente hacia mí y dijo: “¡ah, no sabía eso!”.

CANCION: Dios Familia 

DIOS FAMILIA Cada vez que nos juntamos,siempre vuelve a suceder,Lo que le pasó a Maríay a su prima la Isabel:Ni bien se reconocieronse abrazaron y su fese hizo canto y profecía,casi, casi un chamamé. Y es que Dios es Dios familiaDios amor, Dios Trinidad,de tal palo tal astilla,somos su comunidadNuestro Dios es Padre y Madre,Causa de nuestra hermandad.Por eso es lindo encontrarsecompartir y festejar.  Cada vez que nos juntamossiempre vuelve a sucederLo que dice la promesade Jesús de Nazareth:-Donde dos o más se junten,En mi nombre y para bien,Yo estaré personalmente,Con ustedes, yo estaré.- Cada vez que nos juntamos,Siempre vuelve a suceder,Lo que le pasó a la gente,Reunida en Pentecostés:Con el Espíritu Santo,Viviendo la misma fe,Se alegraban compartiendo,Lo que Dios les hizo ver.

C – ILUMINACION

Nos dejamos interpelar por la Palabra de Dios en estaCATEQUESIS SOBRE EL MINISTERIO DE LA IGLESIA (PAPA  FRANCISCO) –  Ciudad del Vaticano 12/6/13

Hoy desearía detenerme brevemente en otro de los términos con los que el Concilio Vaticano II definió a la Iglesia: «Pueblo de Dios», Y lo hago con algunas preguntas sobre las cuales cada uno podrá reflexionar.

¿Qué quiere decir ser «Pueblo de Dios»?

Ante todo quiere decir que Dios no pertenece en modo propio a pueblo alguno; porque es Él quien nos llama, nos convoca, nos invita a formar parte de su pueblo, y esta invitación está dirigida a todos, sin distinción, porque la misericordia de Dios «quiere que todos se salven»

 “pues él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tm 2, 4).

A los Apóstoles y a nosotros Jesús no nos dice que formemos un grupo exclusivo, un grupo de élite. Jesús dice:

 “Vayan pues y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19)

San Pablo afirma que en el pueblo de Dios, en la Iglesia, «no hay judío y griego… porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús»

” ya no hay diferencia entre judío y griego, entre esclavo y hombre libre; no se hace diferencia entre hombre y mujer, pues todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús” (Gal 3, 28).

Desearía decir también a quien se siente lejano de Dios y de la Iglesia, a quien es temeroso o indiferente, a quien piensa que ya no puede cambiar: el Señor te llama también a ti a formar parte de su pueblo y lo hace con gran respeto y amor. Él nos invita a formar parte de este pueblo, pueblo de Dios.

¿Cómo se llega a ser miembros de este pueblo?

No es a través del nacimiento físico, sino de un nuevo nacimiento.

En el Evangelio, Jesús dice a Nicodemo que es necesario nacer de lo alto, del agua y del Espíritu para entrar en el reino de Dios.

“Este vino a Jesús de noche y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él. Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde arriba”. Nicodemo le dijo: ¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre? Jesús le contestó: “En verdad te digo: el que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3, 3-5).

Somos introducidos en este pueblo a través del Bautismo, a través de la fe en Cristo, don de Dios que se debe alimentar y hacer crecer en toda nuestra vida.

¿Cuál es la ley del pueblo de Dios?

Es la ley del amor, amor a Dios y amor al prójimo según el mandamiento nuevo que nos dejó el Señor: “Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado” –  (Jn 13, 34).

Un amor, sin embargo, que no es sentimentalismo esteril o algo vago, sino que es reconocer a Dios como único Señor de la vida y, al mismo tiempo, acoger al otro como verdadero hermano, superando divisiones, rivalidades, incomprensiones, egoísmos; las dos cosas van juntas.

¡Cuánto camino debemos recorrer aún para vivir en concreto esta nueva ley, la ley del Espíritu Santo que actúa en nosotros, la ley de la caridad, del amor!

Cuando vemos en los periódicos o en la televisión tantas guerras entre cristianos, pero ¿cómo puede suceder esto? . En el seno del pueblo de Dios, ¡cuántas guerras!

En los barrios, en los lugares de trabajo, ¡cuántas guerras por envidia y celos!

Incluso en la familia misma, ¡cuántas guerras internas!

Nosotros debemos pedir al Señor que nos haga comprender bien esta ley del amor. Cuán hermoso es amarnos los unos a los otros como hermanos auténticos. ¡Qué hermoso es!

¿Qué misión tiene este pueblo?

La de llevar al mundo la esperanza y la salvación de Dios: ser signo del amor de Dios que llama a todos a la amistad con Él; ser levadura que hace fermentar toda la masa, sal que da sabor y preserva de la corrupción, ser una luz que ilumina.

En nuestro entorno, basta con abrir un periódico —como dije—, vemos que la presencia del mal existe, que el Diablo actúa. Pero quisiera decir en voz alta: ¡Dios es más fuerte! Vosotros, ¿creéis esto: que Dios es más fuerte? Pero lo decimos juntos, lo decimos todos juntos: ¡Dios es más fuerte!

Y, ¿saben por qué es más fuerte? Porque Él es el Señor, el único Señor. Y desearía añadir que la realidad a veces oscura, marcada por el mal, puede cambiar si nosotros, los primeros, llevamos a ella la luz del Evangelio sobre todo con nuestra vida.

Si en un estadio —pensemos aquí en el estadio Olímpico de Roma, o en el de San Lorenzo en Buenos Aires—, en una noche oscura, una persona enciende una luz, se vislumbra apenas; pero si los más de setenta mil espectadores encienden cada uno la propia luz, el estadio se ilumina.

Hagamos que nuestra vida sea una luz de Cristo; juntos llevaremos la luz del Evangelio a toda la realidad.

¿Cuál es la finalidad de este pueblo?

El fin es el Reino de Dios, iniciado en la tierra por Dios mismo y que debe ser ampliado hasta su realización, cuando venga Cristo, nuestra vida (cf. LG, 9).

El fin, entonces, es la comunión plena con el Señor, la familiaridad con el Señor, entrar en su misma vida divina, donde viviremos la alegría de su amor sin medida, un gozo pleno.

Ser Iglesia, ser pueblo de Dios, según el gran designio de amor del Padre, quiere decir ser el fermento de Dios en esta humanidad nuestra, quiere decir anunciar y llevar la salvación de Dios a este mundo nuestro, que a menudo está desorientado, necesitado de tener respuestas que alienten, que donen esperanza y nuevo vigor en el camino.

Que la Iglesia sea espacio de la misericordia y de la esperanza de Dios, donde cada uno se sienta acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio. Y para hacer sentir al otro acogido, amado, perdonado y alentado, la Iglesia debe tener las puertas abiertas para que todos puedan entrar. Y nosotros debemos salir por esas puertas y anunciar el Evangelio.

Invito a todos a acoger la llamada de Dios a pertenecer a su pueblo; a hacer crecer la fe que recibimos en el bautismo; a vivir la ley de la caridad; a proclamar con convicción que Dios es más fuerte que el mal y que juntos podemos iluminar el mundo, si nuestra vida refleja a Cristo y vivimos en comunión con Él.

C – COMPROMISO/ RESPUESTAS

Trabajamos en primer lugar, en forma personal y en segundo lugar lo hacemos en forma comunitaria:

1.  ¡Eres “Pueblo de Dios”!… ¿Cómo renuevas tu pertenencia como miembro de este pueblo?

2.  Preguntémonos: ¿hago crecer la fe que he recibido en el Bautismo?; ¿cómo lo hago?

Sabiendo que la “ley del pueblo de Dios” ´Es la ley del amor, amor a Dios y amor al prójimo según el mandamiento nuevo que nos dejó el Señor`

3. ¿Cómo vives esta ley en tu familia, en tu trabajo, en tu barrio y en tu comunidad?. Comparte brevemente: lo que haces para crecer en la vivencia de esta ley.

4. ¿Qué compromiso asumirías para reinventarte en la escucha del Espíritu de Dios que te llama a “ser levadura que hace fermentar toda la masa, sal que da sabor y preserva de la corrupción, ser una luz que ilumina.?” . Reflexionar de manera personal y comunitaria.

Hagamos una cosa hoy: Quizá todos tenemos simpatías y antipatías. Quizá tantos de nosotros estamos enojados con alguno. Al menos digamos al Señor: Señor yo estoy enojado con este, con aquella. Yo te pido por este y por aquel. Rezar por aquel con el que estamos enojados es un hermoso paso en esta ley del amor. ¡Hagámoslo hoy! (Papa Francisco)

D – ORAMOS CANTANDO: Sal y Luz. 

Luz del mundo
Deja de ocultarte en lo profundo
Sal de la tierra
Cuida tu sabor nunca lo pierdasAnuncia la palabra
Con obras es tu vida la que habla
Ayuda a tus hermanos
Que el mundo
Necesita de tus manosSal y luz, luz y sal
Mezclado entre la gente
Está Jesús en la ciudad
Buscarás la verdad
No habrá noche en tu vida
Será siempre un despertarLuz, si tu iluminas
No puede ocultarse la ciudad sobre la cima
Sal excelente
Mirando hacia el cielo
Con los pies en el presente 
Y aunque quizas tropieces
No olvides
Que Jesús cayó tres vecesLevántate y camina
Que con tu andar
El mundo se iluminaSal y luz, luz y sal
Mezclado entre la gente
Está Jesús en la ciudad
Buscarás la verdad
No habrá noche en tu vida
Será siempre un despertarSi al cielo caminas, tu amor ilumina
Si al cielo caminas, tu amor ilumina
Si al cielo caminas, tu amor ilumina
Si al cielo caminas, tu amor ilumina
Si al cielo caminas, tu amor ilumina
Si al cielo caminas, tu amor ilumina 

Como parroquia, movimiento, institución, Área pastoral, de manera individual o familiar, etc, Les pedimos realizar un resumen de las respuestas y enviarlo hasta el dia 1 de octubre

Via mail:  cpa_tuc@yahoo.com.ar o

 Via Whatsapp: 3815508833 (Luciana Grande); 3815 99-0790 (Mary Buldurini)