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4° CATEQUESIS ASAMBLEA ARQUIDIOCESANA DE PASTORAL

ASAMBLEA ARQUIDIOCESANA DE PASTORAL 2020

“Con María, servidores de la Esperanza”

ITINERARIO CATEQUÍSTICO

ENCUENTRO 4: La misión de la Iglesia: ámbitos y espacios de la misión.

VIVIENDO LA COMUNIÓN PARA LA MISIÓN

A- NOS PONEMOS EN LA PRESENCIA DE DIOS:

Oración por la Asamblea Arquidiocesana de Pastoral 2020

Jesucristo, Evangelio viviente, ayúdanos en este tiempo de dificultades, en medio de la situación de la pandemia y de diversas situaciones familiares, laborales, económicas, afectivas y espirituales a continuar el proceso de discernimiento, purificación y reforma para descubrir la voluntad de Dios para nuestra Iglesia que peregrina en Tucumán.

Señor de la Vida, danos el don del discernimiento, que podamos reconocer la realidad con los ojos y el corazón de Dios.

Ilumínanos Señor, para interpretar la voluntad de Dios con un oído en el Evangelio y otro en el pueblo.

Danos la santa audacia de decidir los caminos para que llegue a todos la Alegría del Evangelio.

Jesús fortalécenos para renovar nuestra pastoral y adecuar la misión de la Iglesia en el mundo de hoy.

Acompaña al santo Pueblo de Dios para caminar juntos hacia el Ideal de una Iglesia, fraterna, servidora, misericordiosa y en salida misionera.

Ayúdanos a ser dóciles para que, en la Asamblea de Pastoral 2020, todos crezcamos en comunión fraterna y lleguemos a ser servidores de esperanza en tu Reino.

Que nuestra Madre de la Merced, nos acompañe en este camino para responder dócilmente al designio del Padre.

A ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

B – EXPERIENCIA VITAL

Al inicio de esta nuestro 4º Encuentro, les sugerimos que lean, entre todos la siguiente Poesía.

Vamos reflexionando sobre los versos que nos inspiran pensar en nuestra vocación como cristianos, formando parte del Pueblo de Dios y que somos una misión para los hermanos

Poesía: Vocación.

A veces hay que ser árbol

y dar sombra al caminante cansado.

Hay que ser agua, que alivie la sed de respuestas, y fuego que arrase lo injusto, lo indigno, lo hueco.

Hay que ser roca que abrace los cimientos de lo duradero, tierra que acoja las posibilidades de la semilla,

y océano, donde podamos zambullirnos,

para renacer llenos de libertad y de esperanza.

Hay que ser canción que alivie los vacíos,

y silencio habitado, que venza a la cháchara. Unas veces hay que ser hogar al que regresar, y otras veces, puerta que se abre a la tormenta.

Dios es el árbol y el agua, la roca, la tierra y el mar.

Dios es canto y silencio, hogar que acoge

y puerta que nos conduce a nuevas historias.

Pero hacen falta guías

que consagren sus días a buscar ese tesoro. Hay quien se dedica a sembrar, encender, forjar, regar, compartir y acompañar.

Hay trovadores que cantan con palabras prestadas, cauces de agua ajena que trae vida verdadera.

Hay maestros con muchas preguntas y pocas respuestas, que ayudan a otros a descubrir el Misterio.

Soñadores de un bien posible,  que convierten su amor en puente,

para acercar a hermano con hermano, para unir al ser humano con Dios.

Apóstoles,

con pies de barro

y corazón de fuego. Que nunca nos falten.

1)  Reconocer en este poema los versos que nos ayudan a identificar los aspectos positivos y negativos en nuestro ser misión para los demás(Anotar ambos para enviar en el resumen)

Escuchamos la canción: SIGNOS DE ESPERANZA 

C – ILUMINACION

LEEMOS 1 Corintios 12, 4-11.27-31

“Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. El Espíritu da a uno la sabiduría para hablar; a otro, la ciencia para enseñar, según el mismo Espíritu; a otro, la fe, también el mismo Espíritu. A este se le da el don de curar, siempre en ese único Espíritu; a aquel, el don de hacer milagros; a uno, el don de profecía; a otro, el don de juzgar sobre el valor de los dones del Espíritu; a este, el don de lenguas; a aquel, el don de interpretarlas. Pero en todo esto, es el

mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él quiere.

Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo. En la Iglesia, hay algunos que han sido establecidos por Dios, en primer lugar, como apóstoles; en segundo lugar, como profetas; en tercer lugar, como doctores. Después vienen los que han recibido el don de hacer milagros, el don de curar, el don de socorrer a los necesitados, el don de gobernar y el don de lenguas. ¿Acaso todos son apóstoles?

¿Todos profetas? ¿Todos doctores? ¿Todos hacen milagros? ¿Todos tienen el don de curar? ¿Todos tienen el don de lenguas o el don de interpretarlas? Ustedes, por su parte, aspiren a los dones más perfectos. Y ahora voy a mostrarles un camino más perfecto todavía.”

Reflexionamos juntos, la palabra de la carta a los corintios que hemos proclamado: respondemos para compartir:

-¿Alguna vez has pensado a la iglesia como un cuerpo, en el cual la Cabeza es Cristo? Relata tu vivencia.

-¿Qué dones y carismas descubro en la comunidad parroquial, institucional, área pastoral o movimiento?

-En forma personal: ¿he descubierto cual es mi don o carisma?    ¿Logré ponerlo en práctica en la comunidad a la que pertenezco

D – PROFUNDIZACION

En nuestra catequesis anterior hemos visto que la Iglesia, Pueblo de Dios, tiene como finalidad la construcción del Reino de Dios, es decir el proyecto de liberación integral para llegar a su plenitud con una humanidad reconciliada y fraterna. Esto es anunciar y llevar la salvación de Dios a todos los rincones de nuestro mundo; la gran misión de la Iglesia es la evangelización. Cada uno de nosotros por medio del bautismo, hemos sido incorporados a este Pueblo de Dios y, por lo tanto, somos los portadores de esta misión que la iglesia ha recibido, estamos llamados a plasmar en nuestra vida personal y comunitaria esta misión eclesial. La imagen del cuerpo y sus miembros que nos presenta Pablo es muy elocuente para expresar esta pertenencia. Cada miembro es distinto y forma parte de un todo en el que cada miembro se remite al otro para bien del todo. Cristo es la cabeza que mantiene la unidad y sentido de cada parte.

La fe, como la vida, se desarrolla en varias dimensiones. La Iglesia, desde su origen, ha resumido estas dimensiones en cuatro áreas:

a)   COMUNIÓN (como la llamaban los primeros cristianos: Koinonia)

b)   TESTIMONIO (las primeras comunidades lo llamaban Martyria)

c)   SERVICIO (también llamado en la primitiva iglesia Diakonia)

d)   CELEBRACIÓN (o también Liturgia)

En el Pueblo de Dios estas dimensiones son complementarias. Es necesario desarrollarlas todas a la vez, aunque no del mismo modo para que la fe llegue a ser auténtica.

¿QUÉ SIGNIFICAN ESTOS ÁMBITOS? ¿SABÍAS DE ESTAS DIMENSIONES?

El origen de esta división está en la Encíclica “Deus Caritas est” de S.S. Benedicto XVI. Allí en el nº 18 manifiesta que “En la liturgia de la Iglesia, en su oración, en la comunidad viva de los creyentes, experimentamos el amor de Dios, percibimos su presencia y, de este modo, aprendemos también a reconocerla en nuestra vida cotidiana. Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor. Dios no nos impone un sentimiento que no podamos suscitar en nosotros mismos. Él nos ama y nos hace ver y experimentar su amor, y de este «antes» de Dios puede nacer también en nosotros el amor como respuesta” (nº17). Más adelante dice: “La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyría), celebración de los Sacramentos (liturgia) y servicio de la caridad (diakonía).

Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra.

La Koinonía – Comunión: Jesús nos propone “Ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 13,34). Esta propuesta implica amor comunión, fraternidad, reconciliación, unidad, etc.

Para ser creíble, la Iglesia debe manifestar un modo nuevo de convivir y compartir. Se trata de vivir reconciliados y unidos, aceptando a todas las personas desde el criterio del amor universal que el mismo Jesús lo transmite

Esta área se centra en: el desarrollo de nuestras habilidades sociales, la capacidad de conocimiento y aceptación del otro, la vivencia de grupo como primera experiencia de comunidad cristiana, la apertura a la Iglesia local y universal (conocimiento, aprecio y participación).

La Diakonía – Servicio: Los gestos de Jesús en el lavatorio de los pies, en su permanente preocupación que a nadie le falte lo necesario para vivir con dignidad y justicia. Jesús testimonio del amor hecho servicio, promoción, liberación, solidaridad. Como Pueblo de Dios, como Iglesia estamos llamados a manifestar un modo nuevo de amar y servir al estilo de Jesús, con gestos concretos, gratuitos, que trascienden las fronteras de la comunidad eclesial.

Nuestra fe si no se transforma en obras, de poco sirve. Creemos firmemente que debemos comprometernos en la construcción del Reino de Dios: un reino de justicia y de paz para todos. Esto implica: entender nuestra propia vida como vocación y servicio a los otros; madurar nuestro sentido de responsabilidad personal y social; experimentar un compromiso concreto, gradual y estable, en el propio ambiente, a favor de los más débiles y abandonados.

La Martyría – Testimonio: Se trata del anuncio explícito de Jesús de Nazareth como Hijo de Dios, Redentor y Señor del universo. Es el amor hecho anuncio de la Buena Nueva de Jesús, es decir: testimonio explícito de la fe, primer anuncio, catequesis, predicación, reflexión teológica, etc.

La fe no es para vivirla solamente en nuestro interior, es para proclamarla, para trasmitirla, para que ilumine y llene de alegría otros rostros, otras vidas. La fe no se puede callar, hay que dar testimonio de ella y denunciar todo lo que en este mundo se opone a la ley evangélica del amor. Este anuncio de lo que nuestra fe no es creíble si no lo acompañamos con nuestra vida.

La Liturgía – Celebración: Es el amor que se hace celebración, oración, sacramento. Se trata de los ritos, símbolos y celebraciones de la vida cristiana como anuncio y don de la salvación. Nuestra fe siempre termina y comienza en la celebración, porque en ella se alimenta, y en ella desemboca. Esta área implica:

·         La lectura de la vida como lugar en el que Dios se hace presente;

·         Una actitud de oración personal y comunitaria en la vida cotidiana, de forma sistemática;

·         La    vivencia    eclesial    de    los    sacramentos    —Eucaristía,    reconciliación, sacramentos puntuales— como fuente de ánimo para el compromiso;·         La participación en los tiempos litúrgicos que la Iglesia propone a lo largo del año, para favorecer nuestra conversión y nuestra personalización de la fe

TENIENDO EN CUENTA ESTOS ÁMBITOS EN LOS CUALES VIVIMOS NUESTRA VOCACIÓN-MISION

2)      ¿Podrías identificar experiencias vividas en estos ámbitos que fueron significativas en tu vida personal y también en tu comunidad?

3)       ¿En   cuáles   de   estos    ámbitos    consideras   que   debes   comprometerte concretamente en este tiempo?

(tomar nota de todas las respuestas para enviar en el resumen)

E – COMPROMISO/RESPUESTAS

4)   Sabiendo que estos ámbitos deben ser encarnados y llevados a nuestra vida y tomando lo que reflexionaron en la Poesía de aspectos negativos y en la Pregunta N° 2:

Elaborar una propuesta para cada una de las dimensiones o ámbitos de la acción evangelizadora de la Iglesia, que tu comunidad (parroquia, movimiento, área, sector), debería profundizar y llevar a la práctica en el año 2021 y una propuesta para cada una de las dimensiones o ámbitos de la acción evangelizadora para toda la Arquidiócesis (enviar en el resumen)

ORACION FINAL

El Papa Francisco el 5 de abril de este año nos decía:

¿Qué podemos hacer ante Dios que nos sirvió hasta experimentar la traición y el abandono? Podemos no traicionar aquello para lo que hemos sido creados, no abandonar lo que de verdad importa.

Estamos en el mundo para amarlo a Él y a los demás. El resto pasa, el amor permanece.

El drama que estamos atravesando nos obliga a tomar en serio lo que cuenta, a no perdernos en cosas insignificantes, a redescubrir que la vida no sirve, si no se sirve. Porque la vida se mide desde el amor.

Pongámonos ante el Crucificado, que es la medida del amor que Dios nos tiene. Y, ante Dios que nos sirve hasta dar la vida, pidamos la gracia de vivir para servir.

Padre mío,

me abandono a Ti.Haz de mí lo que quieras

Lo que hagas de mí te lo agradezco, estoy dispuesto a todo,

lo acepto todo.

Con tal que Tu voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas,

no deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en Tus manos.

Te la doy, Dios mío,

con todo el amor de mi corazón, porque te amo,

y porque para mí amarte es darme, entregarme en Tus manos sin medida, con infinita confianza,porque Tu eres mi Padre.

(Oración de abandono, Charles de Foucauld)

Como parroquia, movimiento, institución, área pastoral, de manera individual o familiar, etc, Les pedimos realizar un resumen de las respuestas y enviarlo hasta el dia 22 de octubre

Via mail: cpa_tuc@yahoo.com.ar o

Via Whatsapp: 3815508833 (Luciana Grande); 3815 99-0790 (Mary Buldurini)