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Se presentò el logo para el Año Jubilar por los 125 años de la diócesis de Tucumán

El logo está formado por algunos elementos del logo de la arquidiócesis y otros propios del Sínodo 2021-2023, porque es la manera como la arquidiócesis desea vivir en unidad este tiempo de gracia en la Iglesia local.

El lema “Caminemos Juntos” es la base de todo este Año Jubilar que celebrará la Iglesia en Tucumán. Es la respuesta como pueblo de Dios a la propuesta del papa Francisco de caminar juntos, en la escucha y el discernimiento, en preparación para la misión en estos años de Sínodo: pastores y fieles unidos en el único rebaño del Buen Pastor Resucitado.

El Espíritu Santo, como soporte del logo, sostiene el caminar eclesial: la figura tiene ese color porque enciende con su ardiente amor toda la vida de la Iglesia y es signo de un nuevo Pentecostés. El Espíritu nos hace capaces de afrontar los desafíos de nuestro tiempo, viviendo la sinodalidad. Estas líneas de fuego están tomadas de la figura del logo del Sínodo que presenta la Cruz unida al Espíritu, en forma de un árbol vigoroso que cobija al pueblo peregrino y misionero.

El pueblo de Dios unido en su caminar es signo de la Iglesia peregrina y misionera que, movida por el Espíritu Santo, camina junto a sus pastores como hermanos en Cristo. Es esta la Iglesia que desean seguir construyendo en Tucumán: Iglesia sinodal, cada día más fraterna, servidora, cercana y comprometida, más misericordiosa y en salida misionera; una Iglesia que desea impregnar con los valores del Evangelio a la sociedad tucumana, aportando al bien común con la paz y la concordia, la justicia y la caridad vividas en fraternidad.

Está representado por un grupo de personas en movimiento, según también lo dispone el logo del Sínodo, cuyas figuras están en color blanco, significando el propósito de este Año Jubilar: que toda la Iglesia tucumana se revista de santidad por el testimonio de la caridad fraterna.

La iglesia catedral, en una imagen simplificada, es figura de la arquidiócesis, sede episcopal y casa del pueblo tucumano, que nos recibe a todos porque es el lugar del encuentro del pueblo de Dios con sus pastores. El color blanco expresa la santidad de la Iglesia, atributo que le corresponde por su unidad con Cristo que la santifica y la convierte en instrumento de santificación.

La Eucaristía, como Sol radiante, está en el horizonte del camino de la Iglesia. Ilumina la vida de la arquidiócesis y también se presenta como alimento de la comunidad de los bautizados, los peregrinos que van caminando juntos. Siguiendo el color de fuego, el Espíritu Santo brota del Cuerpo de Cristo y enciende toda la vida de la Iglesia, porque en la Eucaristía se manifiesta plenamente la acción del Espíritu que hace de nosotros un solo pueblo nuevo.

La Estrella simboliza a la Bienaventurada Virgen María, llena de gracia e imagen plena de santidad, Estrella de la Nueva Evangelización, Madre del Evangelio viviente y Madre de Misericordia. Ella camina junto al pueblo de Dios desde siempre, acompaña y alienta a escuchar y seguir a su Hijo, a llevar su presencia gozosa a los hermanos, haciendo siempre lo que Él nos diga. Por medio de María, la Iglesia aprende continuamente el estilo de una maternidad generosa y atenta, de un amor que no espera, sino que se adelanta a las necesidades de los hombres y las atiende en concreto, dándoles no sólo la vida, sino el gozo y el sentido de la vida misma. En esta Estrella también contemplamos a la Virgen Generala de La Merced, Redentora de cautivos y Madre de los tucumanos, a quien el general Manuel Belgrano atribuyó la victoria de la Batalla de Tucumán en 1812, y en quien se refleja la religiosidad profunda de nuestro pueblo.

Las cifras de los años 1897-2022 marcan la historia de la Iglesia en Tucumán. Los años abrazan todo el logo, indicando el caminar eclesial en estos años, desde la creación de la Iglesia diocesana. Es una historia enriquecida por el pastoreo de los sucesivos obispos, desde el primero, monseñor Pablo Padilla y Bárcena, y por la presencia de muchos laicos, sacerdotes y diáconos, religiosas, religiosos y consagrados que, con sus dones y carismas, entregaron sus vidas en el anuncio cotidiano de la Buena Noticia.